Pedro Henriques asume con valentía su condición de primer portero luso en la historia del Reus. Además de parar es un excelente guitarrista de fado

Pedro Henriques (Lisboa, 1990) jamás pensó, cuando a los 2 años se subió a esas cuatro ruedas con forma de zapato, que el arco iba a ser cobijo, hábitat natural para su imponente anatomía. Pedro ama la discreción. Va por el mundo huyendo del alboroto y de la desmesura. Su mirada impregna timidez, pero habla con criterio. El sentido común lo utiliza para todo, incluso para ejercer su oficio, el de apagar incendios de cuclillas.

La Academia de Paço de Arcos se ha transformado en una fuente del saber indiscutible. En ella gestó su carrera Henriques, con la cantidad de huellas de talento que ha salido de esa entidad, en la que Jaime, uno de los formadores más prestigiosos de Portugal, aconsejó al guarda-redes. Jaime mantiene su capacidad para ordenar a 50 chavales desbocados, soñadores de éxito. Más de 30 años de vocación le avalan. Las estrellas más deslumbrantes del firmamento luso han pasado por sus manos. A los 10 de edad, Pedro admiró los consejos que le ofreció Rodrigo Sousa, un jugador de clase media de la Primera Divisao.

El Sporting sirvió, curiosamente, como puente para completar los tres kilómetros que separan el José Alvalade de Da Luz, la trinchera del histórico Benfica. Allí ingresó con 14 años y se hizo hombre. En Da Luz no sólo le completaron su progreso, también absorbió valores humanos. Un viaje fugaz a Paredes, de júnior, le maduró para formar parte del primer plantel del poderoso Benfica, el equipo de su vida. Nadie ha puesto jamás en tela de juicio las condiciones de este arquero, a pesar de que haya tardado en despegar. Se mantuvo a la estela de Ricardo Silva y Guillem Trabal, su influencia más determinante, junto a Folguera y el Pulpo Egurrola.

El profesor Sénica, dueño de los técnicos del país vecino, creyó en Pedro y le seleccionó para el combinado nacional sin pestañear a pesar de su condición de suplente de lujo benfiquista. Dominador aplastante en el registro de penaltis y faltas directas, Henriques sintió la etiqueta de especialista. «Muchas veces es cuestión de fortuna», admite. En todo caso, este verano ha impulsado su carrera con una cesión de postín al Reus. El Benfica no le pierde de vista. En Lisboa se le considera un buen heredero del arco para el futuro.

Dedos virtuosos

La vida de este chico de 26 años no sólo gira alrededor de su pasión deportiva. Humberto, su padre, ejerció de guitarrista y le impregnó el amor por la guitarra. Pedro aprendió a su lado y hoy exhibe sus virtuosos dedos cuando aparece un buen show. En Reus se mantiene algo más apartado de la actividad en los escenarios, pero no olvida su debilidad por el fado. De hecho resulta imposible cuando en casa, su principal arropo es una voz consolidada de ese cante popular portugués.

Elsa Casanova, la pareja del arquero, forma parte de una saga de artistas de fado y se ha consagrado dentro de la órbita de este arte como una de las voces privilegiadas. Elsa y Pedro conviven juntos en Reus, donde han decidido vivir y disfrutar de una nueva aventura.

Henriques espera acomodar su nombe en la vitrina lujosa del templo, aunque no pierde de vista aquel lugar con embrujo como Da Luz. Lógico. Es su casa.

Fuente: diaridetarragona.com

Por martin

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