Pablo Álvarez, un jugador aliado con el gol

Pablo Álvarez, un jugador aliado con el gol

El delantero argentino Pablo Álvarez es un valor seguro para el Barça y sus goles son parte del éxito de este equipo que es el más laureado del club

Llegó hace 12 años a España fichado por el Liceo y ya no ha regresado a su Argentina natal. Pablo Álvarez, ‘Pablito’, ha crecido como jugador en el club gallego y sobre todo en el Barça, donde llegó en 2011. Desequilibrante, muy explosivo, definidor, con una gran capacidad de sacrificio y muy intenso en tareas defensivas, así le define su entrenador Ricard Muñoz, y todo ello se traduce en goles y más goles.

El azulgrana lleva marcados 353 goles en la OK Liga, 194 en las seis temporadas que lleva en el Barça y otros 159 en las siete que jugó en el Liceo. Su mejor temporada en cuanto a goles fue la 2013/14 cuando con 56 dianas se proclamó pichichi de la Liga. Solo le superan en el podio de goleadores Jordi Bargalló, que se ha marchado a Portugal, con 389, y Raúl Marín, en el Reus, con 358.

“No me lo esperaba. Ha sido una sorpresa. No suelo ir contando mis goles. No estoy obsesionado en los que llevo. Me obsesiono en marcarlos en los partidos pero para ayudar al equipo”, explica Pablito, que reconoce que cuando le dijeron que llevaba tantos goles “me quedé boquiabierto”.

EL BARÇA, EL MEJOR EQUIPO DEL MUNDO

El delantero argentino, quien confiesa que alcanzar a Bargalló y Marín “será a partir de ahora una motivación extra”, no esconde que haber llegado al Barça es una suerte porque es mucho más fácil mejorar y marcar goles: “Estoy al lado de los mejores del mundo y todo se hace más fácil porque tienen una calidad impresionante y te la dan bolas para que solo tengas que empujarla. Te hacen medio gol”, reconoce.

Insiste en el tema porque no tienen dudas cuando habla del Barça: “Estoy en el mejor club del mundo y aquí todo es más fácil. Considero que estoy rodeado de los mejores jugadores pero también del mejor cuerpo técnico, preparadores físicos, médicos, prensa… todo. Así que es solo cuestión de uno mismo poner voluntad y trabajar, solamente queda esto”.

TRABAJO Y SACRIFICIO

El goleador blaugrana señala que solo hay un secreto para llegar a sus números: “Intento cada día esforzarme y tratar de mejorar en lo que pueda. Está claro que mi posición es estar en el área en el segundo palo para poder pillar todas las bolas que pueda”.

Se define como un jugador “bastante explosivo e intenso, no puedo dosificarme, es algo que traigo de naturaleza. Lo doy todo siempre en cada entreno y ojalá pueda seguir a este ritmo muchos años más”, reconoce no sin sonrojarse algo al describir sus aptitudes.

Recuerda especialmente un partido ante el Liceo. Era el 11 de abril de 2015, jornada 27 y era determinante para decidir la Liga: “Aquel partido me quedó grabado. Los partidos con el Liceo son muy intensos y ante ellos se decidía la Liga. Yo venía de una lesión, llevaba tiempo sin jugar y salí para probarme, lo di todo y marqué ¡cinco goles!”. Lo dicho, Pablo Álvarez está aliado con el gol.

LE FALTA EL MUNDIAL CON ARGENTINA

Pablito se considera un jugador «muy ambicioso y cada torneo o cada final la vivo de la misma manera. No hay una Copa que pueda decir que es más fácil o difícil, quiero ganarlas todas. Gracias a Dios lo he ganado todo y lo único que me falta es el mundial con Argentina para cumplir mis sueños», se sincera con cierta amargura por no haber podido ayudar a su selección en el último Mundial al estar lesionado.

Pero de toda esta explosividad y ambición en la pista no queda nada cuando sale de ella. El Pablo Álvarez vestido de paisano es bastante tranquilo: «Soy una persona muy normal, pero me trasformo en la pista. Fuera soy muy tranquilo, una persona muy de familia. Me encanta estar con mis hijos de 3 y 5 años Valentino y Matteo, que por cierto han empezado a jugar a hockey en Cornellà», desvela orgulloso de sus pequeños.

También él empezo de muy pequeño a jugar al hockey, en su Argentina natal: «Mis padres no me dieron elección. En Argentina nos mudamos a una casa nueva y el patio daba con la tribuna de un club de hockey. Yo tenía 4 o 5 años y siempre los miraba desde el patio hasta que mi madre me llevó. Desde entonces ya no quise probar otro deporte. Allí me quedé y aquí estoy», sentencia.

Fuente: SPORT

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