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Hockey sobre patines: un Barça casi perfecto

Hockey sobre patines: un Barça casi perfecto

Edu Castro ha logrado sublimar un estilo de juego inspirado en el fútbol con jugadores excepcionales

El poliédrico entrenador anima a sus hombres a «desobedecer» siempre que cumplan los «principios incuestionables»

Lleva un año y medio en el puesto de primer entrenador del equipo de hockey sobre patines del Barça y, en ese tiempo, ha sido extraño el título que se le ha escapado a un grupo de 10 jugadores dotados de un talento excepcional. Al mando de ellos, Edu Castro -que tomó en junio del 2017 el relevo de Ricard Muñoz al frente del segundo equipo históricamente más triunfal del Palau Blaugrana (solo el balonmano le supera, con 135 títulos a 121)- ha conseguido sublimar un estilo de juego que ha llevado al equipo azulgrana a ser una máquina casi perfecta de hockey y a ganar 4 de los 5 títulos a los que aspiraba en la pasada temporada y 3 de los 4 que ha disputado hasta el momento en la actual campaña. Pero no solo eso. Castro, su equipo técnico  (Jordi Roca como segundo y Dani Fernández como preparador físico) y sus 10 socios sobre la pista han consolidado un nivel de exigencia que les obliga a valorar sus partidos no en función del resultado sino de la fidelidad al estilo de juego consensuado entre todas las partes.

«Si solo revisáramos las derrotas, analizaríamos muy pocas cosas, porque acostumbramos a ganar. Así que cada vez que ganamos un partido revisamos si realmente hemos sido fieles a nuestro sistema de juego. Esta revisión constante de los principios marcados y consensuados con los jugadores la hacemos de una manera habitual porque, a la larga, acaba generando compromiso en el equipo», explica Edu Castro, un técnico poliédrico que aplica sistemas novedosos de funcionamiento tanto dentro de la pista como en su relación con los jugadores.

Castro, nacido en Vigo en 1966, tiene una larga lista de profesiones, aficiones, ‘hobbies’ y relaciones, pero dos pasiones por encima de todas: la lectura y el hockey sobre patines. A leer se aficionó desde muy pequeño, y al hockey cuando, a los 12 años, vivía ya en Bellvitge y el Espanyol (entonces con sección de hockey) jugaba los partidos en su colegio, los jesuitas Juan XXIII. Ahí se enganchó al deporte rodado. «Nunca fui un buen jugador, ni siquiera conseguí jugar en Primera Catalana». Jugó hasta los 23 años, pero a los 16 ya empezó a entrenar y, por tanto, lleva 36 años en los banquillos pese a sus jóvenes 52 ‘tacos’. La profesión de abogado, que ejerció hasta hace cinco años, ha quedado definitivamente aparcada.

«Yo no soy un entrenador que lee, sino un lector que entrena», dice a menudo sobre su otra gran afición. Siempre lleva tres o cuatro libros en su bolsa, de diferentes y a veces sesudas temáticas, que devora en cualquier situación, sobre todo en los largos viajes en avión como el que el equipo acaba de realizar a Argentina para ganar, por primera vez en Sudámerica, la Copa Intercontinental en una emocionante final ante el Oporto. «Si no fuera por eso, sería perfecto», asegura entre risas el máximo goleador del equipo azulgrana, el argentino Pablo Álvarez, en referencia a la preferencia por la literatura de su admirado entrenador.

Literatura y humor, las armas

«Leer tanto me ha ayudado muchísimo en mi faceta como técnico», relata Castro. «Un entrenador es, sobre todo, un comunicador, y cuanto más bagage tengas, cierta facilidad de palabra y un buen esquema mental (y a mí todo eso me lo da la lectura) más te ayuda a comunicar el mensaje que quieres hacer llegar a los jugadores. Al final, ese mensaje es repetitivo y puede llegar a cansar, así que intento hacerlo llegar con otras palabras y otras referencias. Así sorprendes a los jugadores y consigues que estén más receptivos».

Pero el técnico intenta no cansar a sus pupilos con cuestiones filosóficas ni citas literarias, aunque de vez en cuando alguna se le escapa. Prefiere utilizar el sentido del humor. «Soy un mal explicador de chistes, pero un buen comunicador», reconoce Edu Castro, que no para de explicar chistes, contar chascarrillos y hacer muy personales juegos de palabras con lo primero que se le ocurre. Es famoso entre los jugadores su chiste de cómo aliñar una ensalada («Con el número 1, el tomate; con el número 2, la lechuga, con el número 3…»), o su alusión a Llavorsí cuando supone una situación («Llavors si passa això… Llavorsí que es un poble del Pirineu») o cuando utilizó una bola de cristal de adivino -que le regalaron sus propios jugadores- para advertirles del peligro de un rival en teoría débil. «Les dije que había visto en la bola que si no estábamos atentos y concentrados ante el Sant Cugat, nos pasaría lo mismo que ante el Girona el año pasado. Eso les sorprendió: ganamos por 4-3».

Talento y compromiso

Diferentes maneras y estrategias todas ellas, en definitiva, para tener enchufado y en atención continua a un grupo de jugadores que están perpetuando la tradición ganadora del hockey sobre patines azulgrana con la aportación de nuevas formas de trabajar. «Siempre ha habido equipos maravillosos en esta casa que lo han ganado casi todo. Ahora, quizá, se está ganando un poquito más porque hemos conseguido reunir a 10 jugadores de una calidad excepcional. Por eso, y por los resultados puros y duros, se podría decir que somos el mejor equipo del mundo, sí», dice el entrenador galaicocatalán, que reconoce sin tapujos la calidad de sus jugadores: «Estos tienen un talento innato brutal, pero no solo eso. Sobre todo tienen un compromiso firme en seguir ganando, no paran. Son muy profesionales, entrenan muy bien y no pierden nunca las ganas de ganar».

La clave de este conjunto ganador quizá hay que buscarla en un palabra: compromiso. ¿Y cómo se consigue? Edu Castro lo tiene claro: involucrando a los propios jugadores en la toma de decisiones. «No se trata de que compren mi idea de juego. Aquí no seguimos criterios jerárquicos. Sugerimos movimientos, los ponemos en práctica y ellos los hacen suyos y los mejoran. Y al ver que sus aportaciones se incorporan al sistema, eso genera un compromiso de todo el equipo. Escuchamos mucho a los jugadores, les involucramos en el modelo de juego, intentamos aplicar las cosas que ellos quieren y donde se encuentran cómodos. En el fondo, es una manera muy participativa de gestión de grupo», explicapa Edu Castro, que esta vez no puede resistirse a recurrir a un término culto para definir esa forma de actuar. «Trabajamos de una manera holística, teniendo en cuenta muchos más factores que los que hemos planificado en el entrenamiento».

Edu Castro reconoce una influencia del equipo de fútbol de Barça en la forma de jugar no solo en la sección de hockey sino en los otros equipos profesionales del club. «Existe una metodología conjunta en el club, a partir de la cual cada deporte ha identificado los principios de ADN del Barça de una manera transversal. No se trata de ser guardiolista o no, es un sistema de juego que no está identificado con nadie en concreto; en todo caso, quizá con Johan Cruyff, que fue quien empezó», explica el técnico.

El caos y la geometría fractal

Presión alta, recuperación rápida, ritmo de bola y uno contra uno. Estos son los cuatro preceptos innegociables del ADN Barça que Guardiola sublimó en su etapa de entrenador azulgrana. «El ritmo de bola es fundamental», abunda el técnico del hockey. «El Barça de fútbol también lo hace. Tiene que haber muchos pases, la bola tiene que ir muy rápida para acabar generando espacios y que sea el jugador que queda libre el que genere el uno contra uno».

«Después de cada partido revisamos si hemos sido fieles a nuestro sistema de juego, no el resultado conseguido»

Edu Castro

Entrenador del Barça

Dentro de este sistema, que Castro ya aplicaba cuando era secretario técnico del hockey formativo -también fue segundo de Ferran Pujalte y Ricard Muñoz desde que entró hace 13 años en el Barça, tras su paso por el Vilafranca y el Noia-, el técnico da libertad de decisión a sus jugadores, aplicando dos enrevesadas teorías (la del caos y la geometría fractal) que intentan evitar, en definitiva, la robotización de sus jugadores. «Si lo hiciéramos, coartaríamos la esencia de los jugadores, que es fluir. Y cuando tienes a los mejores jugadores del mundo, lo fundamental es que se encuentren bien y fluyan».

Para ello, Edu cree que lo mejor es darles cierta libertad… dentro de sus obligaciones. «En la  organización del juego creamos movimientos con muchas variantes que los jugadores tienen la libertad de elegir. Nunca se llevarán una bronca mía si lo hacen. En cierta manera, les pido que me desobedezcan, que elijan por su cuenta. Pero, eso sí, deben cumplir los principios que son incuestionables. Por ejemplo, si pierden la bola, deben apretar inmediatamente, nunca retroceder». Palabra de Castro, entrenador del mejor equipo del mundo. 

Fuente: El Periódico



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